Un nueva trash-star se ha hecho un hueco entre la fauna, flora y caspa de nuestro querido Sálvame. Nacida como Francisca, conocida en su pueblo como la Fandanguilla y famosa por ser PAQUI, cuyas artes amatorias consistían en cocinar coles de bruselas que, suponemos, acompañaría con altas dosis de diazepan espolvoreado.
Miss Ubrique 2011 es todo un ejemplo de saber estar, belleza por fuera y por dentro con una cabeza privilegiada solo a la altura de Punset, y es que hay que saber valorar cuando alguien camina sobre esa delgada línea entre el retraso mental y la cordura. Nuestra funambulista borderline es la nueva estrella surgida de la cadena, de esa productora que debería rebautizarse como La Fábrica de La Caspa, donde la han exprimido hasta sacar polígonos polígrafos variados de diversos miembros de la familia, prueba de embarazo en directo (con la decencia de echar el chorrito off camera, gracias), unos desmayos de método Stanislavski o ex novios resentidos con cara de estar a punto de sacar una pistola y montar un Columbine en medio del plató.
Para describir más la curva del personaje, la Paqui tiene poderes sanatorios con pimientos, ahí es nada. Ella en la frutería es la reina del baile.
Nos solidarizamos con Paqui, aunque solo sea por lo complicado que resulta que, tras un cambio de imagen estilistas mediante, quedes peor que como venías de casa.
Anoche se hizo entrega de los premios TP de Oro, cuyos sus treinta años de historia sólo sirven para darle olor a naftalina. Y eso que había alfombra roja (despliegue de recursos y medios), más como mera anécdota que como aporte de glamour, y es que lo que gusta un photocall en este país es algo para estudiar en la facultad.
Tampoco hubo mucho que comentar, en definitiva fueron unos premios de televisión aburridos que irónicamente ni fueron retransmitidos (porque eso no hay canal de TDT que lo soporte, ni para tenerlo de fondo en las pantallas de los gimnasios), aún pretendiendo ser el equivalente de los Emmys en este nuestro país. <Inserte su carcajada aquí>
Luego querremos proyectar imagen internacional, menos mal que siempre nos quedará el aceite y el jamón serrano.
Al final premiaron las mismas cosas de siempre: Ana Rosa, Matias Prats, SLQH (¿todavía hay ganas de premiar esto? ¿Damos alas para que nos torturen con el mismo cuento otro tiempo más?)…y todo el show para que al final el titular de la noche sea que Sarita se ha quedado sin su TP. Sin premio pero con dos razones de peso para ganarlo, que asomaban del modelito Gucci más trillado en las revistas que ella misma.
Vengo a chuparte la sangrezzzz
¡¡Cómo habéis sido capaces, lectores de TP, de dejar a la niña sin su premio!! Estando a punto de desaparecer de la tierra en cuanto a masa corporal se refiere (televisivamente no caerá esa breva …o brevas), habría sido lo esperado.
Porque al fin y al cabo qué puede esperarse de unos premios otorgados por un público que llama a la homónima revista Telepograma.
Nosotros estamos de vuelta, algo que no podrán decir los amigos de Gestmusic, que gestaron ayer su última gala de Operación Triunfo (ever). Parece que se les acaba la fábrica de juguetes rotos. Lloremos hermanos…
Pili y el método Stanislavski
Aquellos que estén preguntándose cómo pudo caducarse tan pronto el yogur es que no vieron la gala de anoche, la de despedida, la traca final, la de chin púm. ¡Y qué gala señores! Todo un cúmulo de despropósitos que condensaba la mala gestión que se puede hacer de un formato.
Ayer todos (menos tres pobres que no ganarán para psicólogos) eran protagonistas en la final más multitudinaria de la historia de OT.
Un love parade de extriunfitos abría el inicio del apocalipsis, que más bien se planteó como una llamada de atención a la audiencia por no haber estado en lo que tenía que estar estos 10 años porque, en serio, ¿quiénes eran todos esos?
Y luego las reivindicaciones de todos (amenazando con que seguirán fuera, sudores fríos), los llantos, las prisas, ni un solo vídeo de carnaza (hombreporfavor) y cuando querías darte cuenta, ya estaba Jordi González con el debate de Gran Hermano.
Eso sí, se la tragó gran parte de la audiencia española twitteando como perras en celo, porque somos así, morbosos.
OT se ha acabado porque sale caro mantener un freak show de ese nivel que empezaba a reportar más desprestigio que otra cosa. Desde aquí mi enhorabuena a los artífices de la masacre final.
Empezando por la dirección de casting, iluminados que daban más importancia a los nombres raros como Roxxio (natural de Galapagar, sin ‘x’) o que pensaron que #sufrocomoGeno merecía una segunda oportunidad. ¿En qué momento?
Y lo que era para volverse loco del todo eran los cambios de útima hora, que si pretendían dar frescor prefería revolcarme por Navacerrada. Que si ahora no echamos al gordito, que si ahora va a tener carrera musical hasta el redactor del programa…todo ello aderezado por una realización que daba lástima y una presentadora sobreactuada que no se enteraba de la mitad, pero qué más da, está buena.
Ay Pili, con lo bien que estabas tú en la calle. Y no me refiero a la de Montera.
Confieso que me da pena que se acabe un formato que llevaba 10 años establecido, por la tradición de oir perpetrar canciones y sobre todo por tanta gente que se queda sin trabajo. Aunque imagino que papá Gestmusic tendrá hueco para todos ellos en alguna otra creación que se saque de la manga bajo el sonido incesante de una máquina registradora (Cruz y Mainat, gente sencilla que sufre sin platós de menos 3.000 metros cuadrados).
Podrían tomar nota otros formatos-plaga que no parecen acabarse nunca.
¡Atención mujeres de España! El terror de vuestras hormonas ha llegado a las pantallas…
El paradigma de il Uomo: mirada sexy, ingles brasileñas envidia de muchas, aceite Johnsons para resbalarte en la ducha y quedarte inconsciente de aquí a final de año, tatuaje para enseñar debajo de sus Calvins y un único atrezzo de mini toalla (limpio, pero lo justo) y un reloj para que no se le pase el tiempo del parking.
Y es que POR FIN después de meses y meses de espera (o al menos a mí se me hizo eterno) se estrenó una de las apuestas de Telecinco: I Love Escassi. Y señores, ¡qué programa!
Por el siguiente orden ahí sobraban Jesús Vázquez y el propio Muñoz Escassi. La carnaza estaba en ELLAS. Las pretendientas. Las aspirantes a tocar ese culito de panadero recién salidas de darse su última sesión de botox. Sí, como lobas a por il Uomo. Mientras España se debatía entre la misogínia y la repulsión al ver ese casting hecho por los becarios de la ONCE, las malas artes de nuestras bellezas iban in crescendo para cazar al hombre. Miradas de odio, malas palabras, paseos en bikini…todo valía. Entre las perlitas: Una le tiró del abrigo a otra y ésta le replicó: “me has tirado del conejo”. Más fina que unas medias de cristal.
Aquí parte de la jauría
Te viá poné dos velas negras
Ejtoy segura de que Ejcassi me elegirá por mi simpatía
Yo fui al cirujano con una foto de Pilar Rubio. Ñejjj
Y mientras tanto el protagonista con una cara de pánfilo que daban ganas de apadrinarlo, pensando cómo serían los otros 1500 descartes.
Si bien sabemos que todo esto es una pantomima (y que nuestro new idol mientras está ligándose por ahí a famosas como Guti Arancha de Benito), vamos a tomarlo como lo que es: un programa de humor.
Y dejémonos de chorradas de denigración de la mujer y feminismos del todo a cien, por favor lo pido.
Más penita da el 9% de share que obtuvo en su primera entrega, pero no dudo que la culpa fuese del bodrio de access prime time de Fresa Ácida. ¡¡Por Dios Vasile, no nos hagas esto!!
Para arregarlo, ha adelantado su horario. Y por supuesto, contenidos con más carnaza.
Ellos sí que saben.
No salgo más de 5 minutos seguidos porque la exposición a la luz del plató puede convertirme en Gremlin y os puedo nominar a todos
Risto Mejide (del latín jetus tremendus), alguien que no sabemos cómo pasó del mundo de la publicidad al showbusiness o polemismo ilustrado: jurado de OT, dos libros en el mercado, y ahora un programa para él solito, pero en el que sale bien poco.
G-20, un programa que más que prometer, desconcertaba, y todo porque fue creado sospechosamente tras esa famosa expulsión promocional de circo en la recta final de Operación Triunfo, programa que debía su audiencia a los ácidos comentarios del jurado escondido tras unas gafas de sol.
Y es que, ¿tan difícil era crear un programa donde Risto se sentase con los pies encima de una mesa y se despachase a gusto con el mundo? Debía serlo, cuando han creado ESTO.
En la esquina que sobraba de otros platós y con la que no sabían qué hacer, han creado un espacio para este Top 20, digno de las épocas doradas de Fernandisco pero con visos de nunca acabar, donde Evaristo resurje de las tinieblas de la somnolencia que nos crea un guión horrible y una estética aún peor que huele a prácticas de máster.
De los 45 minutos de insufrible refrito zappinero, al que ahora llaman ‘ranking show’ para darle unas inexistentes pinceladas de glamour (que viene a ser como llamar bienmesabe al cazón en adobo), nuestro “Bono de U2″ patrio aparece no más de 10 minutos en total. El resto, voz en off de redactora -que no nos interesa en absoluto- con gracias inexistentes y reporterismo muy esporádico y absurdo.
Teniendo a ese hombre, que aunque ahora tartamudee ha dado tantos momentos gloriosos, es de pecado mortal. Desaprovechamiento de potencial
Parece que bien los muchachos de Telecinco bien nuestro amigo Risto se han dado cuenta de este error de falta de protagonismo del presentador (que para algo lo es, aunque sea publicista) y han vuelto a las andadas de la polémica que le llevase al top ten de las audiencias con OT: el ataque contra su propio tejado.
Según publica hoy Vertele, Risto acusó a su propia cadena de censura en el manido pero candente caso de Belén Estéban y su hija (que ya es más nuestra que suya), veto éste que elevó a un nivel de tal tensión gracias al cual consiguió minuto de oro. La gloria se vende fácil.
Él sí que sabe.
¿Decía que la Viagra y el Varón Dandy mano de santo?
Existe un personaje en el mundo del reporterismo español con una cadencia en la voz para guiris y/o subnormales y un acento gallego tan cansino y forzado que seguramente en los programas de zappings de la Televisión Autonómica de Galicia le subtitulan: Antón López, reportero subvencionado. Ahora en La Mañana de La 1
Danzando de un programa a otro de la susodicha cadena, no hay manera de hacer ver que no tiene ni puñetera gracia. El típico tonto con suerte que sube las acciones de Indasec. Todo el día en la playa y en menos de 4 minutos de pantalla haciendo el canelo sin gracia y con acentazo que ni en las aldeas más recónditas de la húmeda comunidad española, el chaval se lo lleva muerto.
Señores que trabajan para La 1, la opinion de las señoras pre-mortem con un pie en el bus del imserso y otro en la tumba NO es válida para hacer una tele de calidad.
Hablando de acentos, La 1 es una experta en eso de hacerle un flaco favor a la unión de las comunidades.
Por la tarde tenemos el no-menos-soporífero programa de reporterismo España Directo, donde también tenemos la oportunidad de comprobar casos concretos de exagerados y chocantes acentos cuyos dueños deberían ser deportados a sus comunidades autónomas.
Entiendo que estéis orgullosos de vuestras raíces, pero ya nos ha quedado claro de dónde sois. Una vez pasada esa barrera, podéis hablar de forma medianamente neutral sin necesidad de tener un neón sobre la cabeza o un traje regional virtual.
¿De verdad quieren ellos que se les recuerden como “el gallego”, “la andaluza”, “el catalán”…? Algunos quizás se conformen con eso.
Así cuando queramos faltar utilizaremos como términos despreciativos “el gallego ese” o “catalán tenía que ser”.
Esta es la España Global.
Y hablando de catalanes, recuerdo un reportero del difunto Aquí hay Tomate llamado Miquel Serra con un acento catalán que ensayaba todas las mañanas antes de salir de casa.
He aquí un vídeo (editado por Sé lo que hicisteis) de su acento castellanizado por una visita a Casa Pepe, Despeñaperros.
Si él puede, vosotros también podeis.
“Espera, espera, espera. No pares de grabar. Pica un poco de cebollita y tenemos la lagrimita para el plano final”.
“Hola, soy Samanta Villar, Periodista. Ahora soy indigente, pero luego me voy a mi pisito de Barcelona a no serlo. Luego vivo entre anoréxicas. Y bailo entre gitanos. O me voy a Amsterdam a fumar porros. Tengo un contrato con productora pero me voy con los negritos sin papeles a hacer la pose de ONG. Pero sobre todo lo que haré será llorar delante de la cámara, y mucho, porque sé que es lo que os llega, mi querido público.”
Samanta, esa ex-reportera salida de la mediocridad de un programa tan blanco y blandito como es España Directo, nos sorprende que tuviese tanta rabia y demagogia contenida en su interior. Por cierto, en este programa de target viejuno llegó incluso a tener el dudoso honor de ser tercera presentadora, para cuyo privilegio no llegó ni a afeitarse el bigotillo. Parece que ahora alguien le ha aconsejado cuidar su imagen, desde aquí las gracias.
Le decía Concha García Campoy en su programa mañanero a la susodicha en una de estas autopromociones, que se había convertido en un referente para los jóvenes. Si a tu hija de 16 años le pasa, querida, tienes un problema. Como diría el Sr. Lobo (Harvey Keitel) en Pulp Fiction “Vamos a dejar de chuparnos las pollas”.
En “Sin papeles” da credibilidad cero ver a alguien que sí tiene papeles y está cobrando (por mucho que viva en una tienducha a lo Supervivientes), frente a unos pobres muchachos en desigualdad de condiciones sociales y laborales. Y luego a recoger fresas. Parece más un campamento de verano o un fin de semana con los Scouts. ¡Qué 21 días más largos!
No cuela y me aburres. Casi prefería verte llorar.
A la hora de elegir los temas hemos ido perdiendo fuelle. Primero viviendo de homeless entre cartones, metiendo con calzador los planos de tus lloros (memorable el final de la primera entrega con música de acompañamiento “mátate si quieres porque te puede pasar a ti” con plano secuencia de la lágrima cayendo como protagonista).
Y con las anoréxicas más planitos de lloros, pero siempre con seguimiento de médico diario (lo normal), y aunque teníamos los vómitos de protas en todo el reportaje, ella decidió dejar de comer en lugar de provocarse alguno (¡al menos uno para empatizar de verdad hombre!), no vaya a ser que le queden secuelas, y no queremos eso para nuestra súper reportera. La puntita sólo que duele menos.
El tema de los porros ni es para llorar ni para extrañarse, en muchos de sus trabajos habrá encontrado a gente que sin porros no es persona, ya que en el equipo técnico del mundo audiovisual hay mucho amante de la capital holandesa.
En definitiva que lo que nos ha faltado es el reportaje estrella, el reportaje de Montera: con las chicas rumanas explotadas y a chuparla por 20 euros. Ahí te queremos ver, al pie (o a las rodillas) de la noticia. Que sea para la próxima temporada.
Con el dinero de A tu lado me cambié la dentadura diente por diente, pero sigo teniendo cara de empanadilla y cartoné.
Kiko Hernández, de profesión empresario, que traducido resulta “monto discotecas con la millonada que le saco a Paolo Vasile por sentarme a rajar del que se me ponga delante”, aunque ejerza periodismo (sin título).
El señor de la lengua viperina surgió de una de las hornadas de Gran Hermano, ese reality en el que te emparedan en una casa con border lines y que para ser recordado hay que polemizar mucho y mal. En este caso él se hizo famoso por salir con una vaca burra sevillana llamada Patricia Ledesma (la cual cayó al río Guadalquivir o al olvido) y sobre todo por tener un conflicto con la que por aquel entonces era su suegra, Encarni Manfredi. Otra personaje. Esta relación le valió a ésta el pasaporte al programa más friki que se ha podido ver en televisión: Hotel Glam, más conocido por ser donde Pocholo perdió su mochila. Desde aquí pido reposición, que para algo está la TDT.
Gracias a muchas polémicas y a exclusivas de “yo he visto”, “me han contado” se ganó el único título de su vida, el de Moscón Cojonero de Telecinco, posando de programa en programa (A tu lado, El ventilador, Sálvame, La noria) vertiendo sus opiniones de mierda sobre los invitados sin pudor ni consideración ni tan siquiera mínimo respeto. El último ejemplo el sábado pasado en La Noria a Elías de OT, atreviéndose a dudar de sus cualidades como artista, cuando ni él mismo conoce las suyas como periodista. Hablando de habilidades periodísticas, el chico tiene un blog llamado El Confesionario (ya vemos que el chaval no da para más) donde va publicando historias de sus compañeros colaboradores, de la telebasura que le rodea y, por supuesto, de sus granhermanitos. Espesísimo todo, por cierto.
Kiko Hernández. Periodista de verdad, de raza, alguien que está donde tiene que estar, al pie de la noticia…vamos, en todas las fiestas del famoseo de bajo nivel de Madrid.
Yo también soy de la opinión de un posible Gran Hermano VIP con los concursantes más destacados incluyendo, claro está, a nuestro querido y perpetuo colaborador, ¡pero que cierren por fuera!
Tiene unas cejas tan maravillosas que le voy a hacer una estrella. Palabra de publicista.
Los realities podrían ser catalogados como frikis, y sin duda Operación Triunfo ha llegado a ese nivel.
El furor uterino que mencionaba el gran Risto Mejide funcionó, como era de esperar en un programa hecho por y para chicas pubertosas.
Un concursante favorito no es aquel que cante bien o mal sino aquel cuyo póster quede bien junto al de Orlando Bloom, y eso es así por mucho que el publicista juegue su papel masculino de Juana de Arco improvisado con Elías…él habla de tongo, otros hablan de boicot. Show must go on. Aunque sí es cierto que algo huele a podrido en Gestmusic Endemol, o al menos, en la Academia, si podemos llamar así a un sitio donde envían a chicos a aprender y donde terminan músicos profesionales que van con la lección aprendida. Al final, los que se van superando a sí mismos son los nominados, por no estar a la altura.
Desde aquí apoyamos a Risto en la Causa Elías, artistas como él no cantarán las notas a la perfección, ni serán cultos (tampoco los que se quedan saben qué es un crooner o, peor, ¡quién es Bruce Springsteen!) pero tienen ese algo que les diferenciarán del resto. Los demás terminarán de coristas olvidados en programas como Los mejores años de nuestra vida (TVE-Gestmusic).
Ayer no nos gustó OT.
Sobre Ángel Llácer, ya no sé si es gracioso o serio…de profesor enrollado de interpretación de tipo “¿será gay?” en los principios del programa estaba bien, pero ahora pasar de empresario modernito lector de Esquire a catalana loca le convierte en un personaje poco creíble…¿con qué papel nos quedamos?
Mención especial al nuevo fichaje de esta edición: el Rey del Pollo Frito, reconvertido a Rey de la Papiroflexia: Ramoncín y sus litros de metáforas musicales para que veamos que hay alguien en la mesa que sabe. Él es perro viejo, menudo rockero de pendiente en oreja. Los años nunca pasan por él, y cuando nomina, los minutos tampoco pasan por el reloj, que parece que se para, porque nunca termina de hablar. Un discurso de una espesura como si se estudiara el María Moliner a lo Rainman en los descansos, tan hacia sí mismo que ni el público, ni el espectador, ni el triunfito (ni él mismo) se entera, de modo que entramos en letargo hasta que oímos la palabra mágica.
Aún así, lo preferimos, aunque sólo sea por seguir con el espíritu friki que nos mantiene ahí.
Y para terminar un regalo para los oídos, para los que los tengan duros y fornidos, o sean directamente sordos. Una peculiar versión de The Killers perpetrada por Jon y Mario, esos que siguen concursando. Penita y vergüenza ajena.
Y tengo que leer en el diario Qué que Elías era “el peor de los cantantes de los que permanecían aún en la Academia”.
Y luego veo este vídeo. Uf.
¡Toma, toma, Josebas! ¡Ahora sí que nos vamos a hartar de follar! Pero primero vamos a echarnos una partidita al Pro Evolution Soccer…
Después de su éxito en internet, Qué vida más triste sigue visitándonos todas las tardes sexteras. El humor de Basauri no ha muerto.
¿Su secreto? El sentimiento de euforia que hace creer al espectador que los protagonistas son más tristes que nadie. Por ello tenemos que estar agradecidos a biblias del universo friki como Yonkis.com. Para quien no se sitúe, Yonkis es a la televisión como la revista FHM al cine, sus críticas tienen la misma veracidad que María Patiño hablando de la crisis financiera.
Si esto es lo mejor que había en internet para rescatar, que ya no toquen ni el botón del Google, que ahí está bien.
Y ya sabemos cómo es La Sexta, el Jess Extender de la televisión: todo lo que coge, lo alarga (Sé lo que hicisteis, El intermedio…). Si fue concebida para 10 minutos, Milikito decide emparrillar vuelta y vuelta 30 minutazos de Borjas y Josebas empanados en Basauris. Nada de crear programas nuevos, ni buscar ideas, alargas las ya existentes y quemar los formatos. Sopor.
Si Borja Pérez y su cara de “Virgen a los 40″ no fuese suficiente, tampoco ayuda esa pobreza visual, ni ese modelo “Cuéntame lo que pasó en casa de tu abuela cuando ibas a merendar”: un atrezzo de premio.
Borja y Josebas, los pardillos a los que les quitaban el bocadillo se han hecho mayores y ahora vuelven para vengarse con el conocido humor vascuence. Historias que se repiten día tras día cuyo porcentaje de risas es bastante reducido. El día de la marmota, a la vasca. Una ONG llamada La Sexta ya les ha hecho un favor a esos muchachos y los ha reinsertado en la sociedad.