Tiene unas cejas tan maravillosas que le voy a hacer una estrella. Palabra de publicista.
Los realities podrían ser catalogados como frikis, y sin duda Operación Triunfo ha llegado a ese nivel.
El furor uterino que mencionaba el gran Risto Mejide funcionó, como era de esperar en un programa hecho por y para chicas pubertosas.
Un concursante favorito no es aquel que cante bien o mal sino aquel cuyo póster quede bien junto al de Orlando Bloom, y eso es así por mucho que el publicista juegue su papel masculino de Juana de Arco improvisado con Elías…él habla de tongo, otros hablan de boicot. Show must go on. Aunque sí es cierto que algo huele a podrido en Gestmusic Endemol, o al menos, en la Academia, si podemos llamar así a un sitio donde envían a chicos a aprender y donde terminan músicos profesionales que van con la lección aprendida. Al final, los que se van superando a sí mismos son los nominados, por no estar a la altura.
Desde aquí apoyamos a Risto en la Causa Elías, artistas como él no cantarán las notas a la perfección, ni serán cultos (tampoco los que se quedan saben qué es un crooner o, peor, ¡quién es Bruce Springsteen!) pero tienen ese algo que les diferenciarán del resto. Los demás terminarán de coristas olvidados en programas como Los mejores años de nuestra vida (TVE-Gestmusic).
Ayer no nos gustó OT.
Sobre Ángel Llácer, ya no sé si es gracioso o serio…de profesor enrollado de interpretación de tipo “¿será gay?” en los principios del programa estaba bien, pero ahora pasar de empresario modernito lector de Esquire a catalana loca le convierte en un personaje poco creíble…¿con qué papel nos quedamos?
Mención especial al nuevo fichaje de esta edición: el Rey del Pollo Frito, reconvertido a Rey de la Papiroflexia: Ramoncín y sus litros de metáforas musicales para que veamos que hay alguien en la mesa que sabe. Él es perro viejo, menudo rockero de pendiente en oreja. Los años nunca pasan por él, y cuando nomina, los minutos tampoco pasan por el reloj, que parece que se para, porque nunca termina de hablar. Un discurso de una espesura como si se estudiara el María Moliner a lo Rainman en los descansos, tan hacia sí mismo que ni el público, ni el espectador, ni el triunfito (ni él mismo) se entera, de modo que entramos en letargo hasta que oímos la palabra mágica.
Aún así, lo preferimos, aunque sólo sea por seguir con el espíritu friki que nos mantiene ahí.
Y para terminar un regalo para los oídos, para los que los tengan duros y fornidos, o sean directamente sordos. Una peculiar versión de The Killers perpetrada por Jon y Mario, esos que siguen concursando. Penita y vergüenza ajena.
Y tengo que leer en el diario Qué que Elías era “el peor de los cantantes de los que permanecían aún en la Academia”.
Y luego veo este vídeo. Uf.
by: chloé
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