“Espera, espera, espera. No pares de grabar. Pica un poco de cebollita y tenemos la lagrimita para el plano final”.
“Hola, soy Samanta Villar, Periodista. Ahora soy indigente, pero luego me voy a mi pisito de Barcelona a no serlo. Luego vivo entre anoréxicas. Y bailo entre gitanos. O me voy a Amsterdam a fumar porros. Tengo un contrato con productora pero me voy con los negritos sin papeles a hacer la pose de ONG. Pero sobre todo lo que haré será llorar delante de la cámara, y mucho, porque sé que es lo que os llega, mi querido público.”
Samanta, esa ex-reportera salida de la mediocridad de un programa tan blanco y blandito como es España Directo, nos sorprende que tuviese tanta rabia y demagogia contenida en su interior. Por cierto, en este programa de target viejuno llegó incluso a tener el dudoso honor de ser tercera presentadora, para cuyo privilegio no llegó ni a afeitarse el bigotillo. Parece que ahora alguien le ha aconsejado cuidar su imagen, desde aquí las gracias.
Le decía Concha García Campoy en su programa mañanero a la susodicha en una de estas autopromociones, que se había convertido en un referente para los jóvenes. Si a tu hija de 16 años le pasa, querida, tienes un problema. Como diría el Sr. Lobo (Harvey Keitel) en Pulp Fiction “Vamos a dejar de chuparnos las pollas”.
En “Sin papeles” da credibilidad cero ver a alguien que sí tiene papeles y está cobrando (por mucho que viva en una tienducha a lo Supervivientes), frente a unos pobres muchachos en desigualdad de condiciones sociales y laborales. Y luego a recoger fresas. Parece más un campamento de verano o un fin de semana con los Scouts. ¡Qué 21 días más largos!
No cuela y me aburres. Casi prefería verte llorar.
A la hora de elegir los temas hemos ido perdiendo fuelle. Primero viviendo de homeless entre cartones, metiendo con calzador los planos de tus lloros (memorable el final de la primera entrega con música de acompañamiento “mátate si quieres porque te puede pasar a ti” con plano secuencia de la lágrima cayendo como protagonista).
Y con las anoréxicas más planitos de lloros, pero siempre con seguimiento de médico diario (lo normal), y aunque teníamos los vómitos de protas en todo el reportaje, ella decidió dejar de comer en lugar de provocarse alguno (¡al menos uno para empatizar de verdad hombre!), no vaya a ser que le queden secuelas, y no queremos eso para nuestra súper reportera. La puntita sólo que duele menos.
El tema de los porros ni es para llorar ni para extrañarse, en muchos de sus trabajos habrá encontrado a gente que sin porros no es persona, ya que en el equipo técnico del mundo audiovisual hay mucho amante de la capital holandesa.
En definitiva que lo que nos ha faltado es el reportaje estrella, el reportaje de Montera: con las chicas rumanas explotadas y a chuparla por 20 euros. Ahí te queremos ver, al pie (o a las rodillas) de la noticia. Que sea para la próxima temporada.
by: chloé


